En el episodio #14 de «Reflexiones de un Peregrino» conversamos acerca del Don de Profecía, de acuerdo a la historia bíblica. Y que Dios prometió este don para el tiempo del fin, siempre y cuando, dicho pueblo, le sea completamente fiel.

Transcripción

Hebreos capítulo 1 versos 1 y 2 dice:

Hebreos 1:1-2 Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo;

Este texto claramente muestra que el Señor tiene varias maneras de hablar a Su pueblo a través de las diferentes edades. En la primera parte de la historia bíblica la raza humana se relacionaba con Dios cara a cara, y antes que el hombre cayera en pecado, Dios instruía a Su pueblo con su voz audible. Así lo hiso con Adán, Caín, Noe, Abraham, Isaac, Jacob, Moisés y Samuel.

Dios también se comunicó a través de los ángeles. Y así se registra que lo hiso cuando le habló a Abraham, a Lot, a Josué, a Gedeón y a Manoa.

Otra forma, que tiene Dios, de comunicarse es a través de los profetas, por medio de visiones y sueños.

Números 12:6 Y él les dijo: Oíd ahora mis palabras. Cuando haya entre vosotros profeta de Jehová, le apareceré en visión, en sueños hablaré con él.

Al parecer, las visiones dadas por Dios a Sus profetas pueden dividirse en dos categorías. Unas son las llamadas “visiones abiertas”, que era cuando todo el mundo podía ver al profeta en visión, y la otra categoría son las “visiones de noche”, donde el profeta recibía un mensaje de Dios durante el sueño. No voy a profundizar en estos conceptos, que son repetidos varias veces en el Antiguo Testamento, sino que quiero avanzar a la labor de los profetas.

Por medio de los profetas el Señor trataba de alejar a su pueblo del pecado:

Jeremías 44:4 Y envié a vosotros todos mis siervos los profetas, desde el principio y sin cesar, para deciros: No hagáis esta cosa abominable que yo aborrezco.

En el Antiguo Testamento no solo hubo profetas hombres, sino que también hubo mujeres con estos dones. Por ejemplo, en los días de los jueces, Débora, la mujer de Lapidoth, fue profeta. A través de sus instrucciones, los enemigos de Israel fueron destruidos. También podemos recordar a Hulda la profetisa, esposa de Salum, en los días de Josías, rey de Juda.

En los tiempos de Jesús, Ana la profetisa, quien vivía en el templo, reconoció a Cristo como el Mesías esperado. Así también es evidente que Pedro en el día del pentecostés, y en armonía con la profecía de Joel, declaró que, como resultado del derramamiento del Espíritu Santo, nuestras hijas profetizarían.

Dios nos habla también a través de Su hijo. Esto no solo incluye las enseñanzas personales de Jesús, que presentó mientras estuvo en la tierra, y que las encontramos en los cuatro evangelios. Sino que también incluye las enseñanzas del Consolador, o del Espíritu Santo.

Juan 14:26 Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.

Cristo hiso solamente la voluntad del Padre, y el que le conoció, conoció también al Padre. Así que Dios nos habló a través de las enseñanzas de Jesús en la tierra, y nos sigue hablando a través del Espíritu Santo, quién nos recuerda las enseñanzas de Jesús.

En la iglesia temprana también encontramos la manifestación del Espíritu Santo a través de profecía, como se ve en Hechos 11 y Hechos 21 donde se habla del profeta Agabo:

Hechos 11:27-28 En aquellos días unos profetas descendieron de Jerusalén a Antioquía.  (28)  Y levantándose uno de ellos, llamado Agabo, daba a entender por el Espíritu, que vendría una gran hambre en toda la tierra habitada; la cual sucedió en tiempo de Claudio.

Y hechos 21:8,9 que nos habla de Felipe el evangelista que tenia cuatro hijas que profetizaban.

Pablo en Efesios 4 nos recuerda que la profecía es uno de los dones que el Señor da para el avance de su obra (Efesios 4:8-16).

Pero un asunto muy importante a considerar es que en las escrituras encontramos que la manifestación del don de Profecía está relacionado estrictamente con la obediencia del pueblo, a la voluntad de Dios. Cuando el pueblo de Dios sigue fielmente al Señor, el Señor favorece a su pueblo dándoles instrucciones a través de sus profetas. Así, cuando el pueblo se apartaba de Su ley, no había visión de Dios. Como lo podemos ver en muchas partes, en la Biblia, por ejemplo, en la historia de Eli y Samuel, donde dice que dada la condición del pueblo, ya no había “visión abierta”.

Pero eso no es todo. Hablando de cuando el pueblo de Israel se apartaba de Jehová y caían sobre él calamidades, el Salmo 74, versos 4 al 9, dice:

Salmos 74:4-9 Tus enemigos vociferan en medio de tus asambleas; Han puesto sus divisas por señales. Se parecen a los que levantan El hacha en medio de tupido bosque. Y ahora con hachas y martillos Han quebrado todas sus entalladuras. Han puesto a fuego tu santuario, Han profanado el tabernáculo de tu nombre, echándolo a tierra. Dijeron en su corazón: Destruyámoslos de una vez; Han quemado todas las sinagogas de Dios en la tierra. No vemos ya nuestras señales; No hay más profeta, Ni entre nosotros hay quien sepa hasta cuándo.

Los profetas Jeremías y Ezequiel muestran cómo el apartarse de Jehová, implica no tener profecía.

Jeremías 5:12-13 Negaron a Jehová, y dijeron: El no es, y no vendrá mal sobre nosotros, ni veremos espada ni hambre; antes los profetas serán como viento, porque no hay en ellos palabra; así se hará a ellos.

Ezequiel 7:26 Quebrantamiento vendrá sobre quebrantamiento, y habrá rumor sobre rumor; y buscarán respuesta del profeta, mas la ley se alejará del sacerdote, y de los ancianos el consejo.

Fíjate como el sabio Salomón vincula el don de profecía con guardar la ley de Dios:

Proverbios 29:18 Sin profecía el pueblo se desenfrena; Mas el que guarda la ley es bienaventurado.

Pablo hablando a las personas que esperan la segunda venida dice en que no les faltara ningún don, mientras se mantengan obedeciendo la voluntad de Dios:

1 Corintios 1:7 de tal manera que nada os falta en ningún don, esperando la manifestación de nuestro Señor Jesucristo; el cual también os confirmará hasta el fin, para que seáis irreprensibles en el día de nuestro Señor Jesucristo.

El apóstol Juan, en Apocalipsis, menciona que la iglesia o pueblo de Dios perseguido por Satanás en el tiempo del fin, tiene dos características, guardan los mandamientos de Dios, y tienen el “testimonio de Jesucristo” (Apocalipsis 12:17). Y en el capítulo 19 el mismo apóstol explica que el “testimonio de Jesucristo” es el espíritu de profecía.

Que, si te fijas, es la misma idea que está en la 1ª carta a los corintios, versos 6 y 7:

1 Corintios 1:6 así como el testimonio acerca de Cristo ha sido confirmado en vosotros, de tal manera que nada os falta en ningún don, esperando la manifestación de nuestro Señor Jesucristo.

Así vemos que la iglesia remanente, que es el pueblo que guarda los mandamientos de Dios, tendrían el espíritu de profecía con ellos, y que será el don que los liderará en la preparación para el retorno de cristo. Ya que el espíritu de profecía guía a la obediencia a la voluntad de Dios.

Una pregunta importante es, ¿cómo podemos reconocer a un verdadero profeta? Eso lo conversaremos en un próximo episodio.