En el episodio #18 de «La Mesa del Remanente» Cesia revisa parte de la evidencia bíblica para la alimentación del remanente final. La alimentación basada en plantas.
Transcripción
La Edad Media es reconocida como la época más oscura de la humanidad. Pero, en 1517 comenzó a brillar la luz de la Reforma Protestante al reencontrar que “el justo por la fe vivirá”. El mundo comenzó una nueva etapa, pero la historia dice que el sistema papal siguió controlando al poder civil y religioso, hasta que casi al fin de la Revolución Francesa, en 1798, el General Berthier apreso y exilio al Papa Pio VI, eliminando, al menos temporalmente, su poder civil. La Revolución Francesa marco un antes y un después en la sociedad. Previo a este evento, la cultura occidental era teocéntrica, es decir centrada en Dios, pero también en tradiciones religiosas que la iglesia católica había instaurado. Desde entonces la cultura llego a ser antropocéntrica, es decir, centrada en el hombre. La razón y la filosofía vinieron a tomar el lugar de las enseñanzas divinas. La palabra del hombre en lugar de la Palabra de Dios.
“Sola Escriptura”, o “Solo la Escritura” fue el lema de la Reforma Protestante, enfatizando que la vida de todo verdadero hijo de Dios debe basarse solo en un “Así dice Jehová”. Esto tenia gran valor en la época de la Reforma, pues hasta entonces el sistema papal había establecido un sin número de tradiciones sin ninguna base bíblica y como el pueblo desconocía la Escritura, era fácilmente engañado. Dios condujo a los reformadores a traducir las Sagradas Escrituras a los idiomas del pueblo para que todos pudiesen tener acceso a ella y comprender la voluntad de Dios. Hoy, en el siglo XXI, “Sola Escriptura” debe tomar el lugar que le corresponde otra vez, pues el “Escrito Esta” fue reemplazado por las filosofías humanas y huecas sutilezas, incluso por lo que llamamos ciencia. Esta última, que parece regir el mundo hoy, no siempre es veraz, pues la objetividad científica, dicen los propios expertos, es manchada por los intereses particulares de los investigadores. No me mal interpretes. La ciencia es necesaria. De hecho, debería estar al servicio real de la sociedad y todos deberíamos tener fácil acceso a ella. Sin embargo, a la hora que la ciencia se contradice con la Palabra de Dios, ¿qué debemos hacer? Martin Lutero, nos diría “Sola Escriptura”. ¿Me comprendes? Seguro que sí. Hoy hablaremos de la evidencia bíblica que nos orienta para saber que alimentos debe colocar el Remanente Final en su mesa, como un acto de obediencia y adoración a Dios.
Hoy existen muchas tendencias respecto a la alimentación. Veamos brevemente solo dos: la dieta paleolítica, o paleo y la dieta cetogenica o keto. Ambas son opuestas y defendidas con argumentos que van desde la evolución hasta aparente evidencia científica. La dieta paleo consiste en una dieta rica en carne de res y pescado, de frutas y semillas, se basa en lo que los hombres del paleolítico podían cazar y recolectar y rechaza todo lo que surgió con la supuesta revolución agrícola de hace 10000 años. Como ves su esencia es la evolución. Por su parte la dieta keto, es muy baja en carbohidratos de todo tipo, y alta en grasas. A pesar que miles siguen estas dietas, ambas tienen grandes detractores desde el mundo científico basados en la biología de la célula y en la fisiología humana. Te comento esta realidad, pues paralelo a estas dos tendencias hay muchas otras que circulan por la internet y que podrían significar un peligro para la salud. En este contexto, como hijos de Dios, cabe la pregunta ¿es seguro basar nuestra alimentación solo en lo que la ciencia dice? Creo que estarás de acuerdo conmigo, en que a la hora de decidir qué comer también debemos basarnos en un seguro “Así dice Jehová”. Cuando la ciencia está de acuerdo a las leyes divinas, no hay problema, pero cuando ambas se oponen, entonces debe prevalecer lo que la Sagrada Escritura enseña. Amigos, la Biblia nos muestra principios claros y orientadores para saber cómo alimentarnos. Al respecto, comentemos brevemente solo un ejemplo. Génesis 1, muestra que la dieta original de Dios para el ser humano se basaba en plantas. Este “Así dice Jehová” es suficiente para no seguir otro tipo de alimentación, ¿no crees?
Comentemos 4 ideas basadas en la Biblia que nos pueden ayudar para tomar decisiones:
- Fue Dios mismo quien dio la dieta original a nuestros primeros padres. Según el relato de Génesis 1, la dieta original se basaba en dos indicaciones específicas: por un lado, toda planta que está sobre la tierra y que da semillas y todo árbol que da frutos con semillas. De acuerdo a estas dos indicaciones y aplicando la agronomía, la dieta original incluía: frutas, cereales, leguminosas y frutos oleaginosos o frutos secos, es decir vegetales. Ese fue y es el plan original de Dios para sus hijos, pues como Creador, sabe que nuestro diseño responde con salud integral y longevidad a esa alimentación. Debo aclarar si, que la inmortalidad del hombre en el Edén estaba condicionada a la obediencia y a comer del árbol del fruto de la vida. Recuerda que cuando pecaron fueron destituidos del Edén para que no comieran del árbol de la vida y el pecador se hiciera inmortal.
- El pecado cambio nuestra dieta. De acuerdo a Génesis 3:17-19, con la entrada del pecado, Dios permitió comer otras hierbas del campo, que podrían incluir otras verduras que conocemos hoy, pero sigue siendo una alimentación basada en plantas o vegetales.
Sin embargo, el hombre antediluviano, por su propia voluntad, decidió comer carne. Y fue su intemperancia la que los condujo a pensar de continuo el mal, por lo que Dios decidió destruir la tierra de entonces.
Más tarde, por el contexto post diluvio, vale decir la falta de plantas dada la inundación del mundo, Dios permitió al pequeño remanente, es decir Noe y su familia, comer carne, pero prohibió estrictamente el consumo de sangre. Con este cambio de alimentación se percibe una disminución progresiva de la esperanza de vida, lo que parece haber sido el plan de Dios, quien había creado un ser humano fuerte y que a pesar del pecado seguía viviendo muchos años. Él sabía que la carne tendría su efecto en la longevidad de las personas. De casi vivir un milenio antes del diluvio, el hombre llego a vivir hasta en promedio los 85, en tiempos de la conquista de Canaán, según lo revela la historia de Caleb, en el libro de Josué 14:10.
- Ahora somos mayordomos de la creación. En Génesis 1:28, Dios le dice a Adán que él será el gobernador de todas las criaturas, peces, aves y animales. Nuestros primeros padres tenían dominio sobre la creación y debían cuidar de ella, los animales estaban sujetos a ellos, sin miedo. Después del pecado, perdimos ese dominio y nuestro deber ahora es ser mayordomos, es decir cuidar de lo que es de Dios. En Deuteronomio Dios habla de cómo cuidar a los animales, ¿recuerdas, por ejemplo, cuando dice “No pondrás bozal al buey que trilla”? Proverbios 12:10, dice que el justo cuida de sus animales. Amigos, los animales no fueron creados para ser comidos, esto fue causado solo por la desobediencia del hombre a causa del pecado. Quitar la vida a un animal es un acto de crueldad hacia las criaturas de Dios, pues la creación le pertenece, la perdimos al pecar.
Otro aspecto de nuestra mayordomía ante Dios es cuidar nuestro cuerpo. En 1 Corintios 6:19 y 20 Pablo dice que no nos pertenecemos, pues fuimos comprados con la sangre de Dios hecho hombre. Nos recuerda a no olvidar ni ignorar que somos templo de Dios Espíritu Santo, el cual hace morada en corazones humildes dispuestos a obedecer a Dios y apartarse de todo mal. Nos llama también a glorificar a Dios en nuestro cuerpo. Amigos, glorificamos a Dios cuando elegimos alimentos sanos que actúan en todas nuestras células dándonos salud y mayor entendimiento de las verdades eternas.
- Dios es el Diseñador y es quien da las instrucciones. Siglos después del diluvio, podemos ver en Levíticos 3 que Dios repite la instrucción de no comer sangre ni la grasa de los animales, siendo esta última solo ofrecida en sacrificio y debía consumirse por completo en el altar. En relación a la sangre, Dios les quiso mostrar que allí estaba la vida. Ella es la que lleva nutrientes y oxígeno. También purifica al cuerpo de desechos celulares y de CO2. Es obvio que la sangre de animales puede significar un riesgo, pues, por ejemplo, la sangre de los animales asesinados para su consumo, está llena de toxinas liberadas por el estrés de su muerte, además del riesgo de transmisión de enfermedades infecciosas. En Levíticos 11 Dios vuelve a repetir al remanente del desierto, las instrucciones respecto a las carnes puras e impuras, pues por sus 400 años entre los paganos egipcios muchos las habían olvidado y no las practicaban, llegando a extrañar las ollas de Egipto, a los pocos días del éxodo. Muchos creyentes siguen justificando el consumo de la carne argumentando que Dios lo permitió. Pero debemos entender que Dios permite muchas cosas, por la obstinación del ser humano, pero no son su voluntad, pues Dios no cambia. Recordemos, por ejemplo, la conducta polígama de Abraham, de David y de otros, Dios lo permitió, pero no era su voluntad.
Con estas enseñanzas, debemos comprender dos principios orientadores. Primero, Dios no cambia, por lo tanto, la dieta original sigue vigente para hoy, y será la dieta del cielo. Segundo, debemos obedecer a Dios y hacer su voluntad. Recordemos el Salmo 40:8 “Hacer tu voluntad Dios mío me ha agradado”. Es decir, nos gozamos en obedecer las leyes de Dios, que incluyen las leyes de salud.
Observemos lo que dice Pablo, el apóstol de la fe, en Gálatas 2:20 “Con Cristo estoy juntamente crucificado y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mi”. Cuando vamos a Cristo morimos a la vieja vida, a esa vida de pecado, que incluye la intemperancia en la comida y gusto por alimentos malsanos. Luego en 2 Corintios 5:17, dice que “si alguno esta en Cristo nueva criatura es, las cosas viejas pasaron, he aquí son hechas nuevas”. Esto también aplica a nuestros gustos alimentarios. Cuando nos convertimos realmente a Dios, cambian nuestros gustos por completo y solo queremos hacer la voluntad de Dios, amando lo que El ama y le decimos “ábreme los ojos para contemplar las maravillas de tu ley”, que incluye no solo la ley que refleja su carácter, sino todos sus preceptos, incluidas las leyes de salud; pues el cuerpo responde a leyes por El establecidas desde la creación.
Pablo también dice, “si coméis o bebéis hacedlo todo para gloria de Dios”. Esto significa que podemos comer y beber sin honrar a Dios. Daniel lo tenía claro, cuando estuvo en Babilonia.
El fruto del Espíritu del cual habla Pablo en Gálatas, es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza. Este fruto es el carácter de Jesús que se produce en sus hijos como consecuencia de estar unidos a la Vid. El mandamiento dice que debemos amar al prójimo como a nosotros mismos. Si amigos, amarnos a nosotros es parte del mandamiento y esto implica respetar nuestro propio cuerpo, lo que significa vivir con temperancia o dominio propio, autocontrol en todas las cosas y también en la alimentación. Por último, resalto la fe como fruto de una relación constante con Dios. El remanente tiene la fe de Jesús, esa fe que es la victoria sobre el pecado, por los méritos de Cristo. Esa fe nos lleva a experimentar “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”, no “casi todo lo puedo”. Esto significa que por fe podemos vencer todas nuestras inclinaciones pecaminosas, incluyendo la intemperancia, que es causa de todos los males y pecados actuales de la sociedad como lo fue en los tiempos antediluvianos. Por ello la temperancia debe ser parte de nuestro carácter como hijos de Dios.
Amigos, la Sagrada Escritura nos instruye para apartarnos de toda especie de mal y no tocar lo inmundo, incluido malos alimentos, bebidas dañinas y hábitos alimentarios intemperantes. Te animo a estudiar con fe y oración la Palabra de Dios para descubrir la evidencia bíblica que tú necesitas para tomar la decisión de volver a la dieta original de Dios, veras que será de gran bendición, pues Dios desea que tengas salud y obedecerle es la forma de reclamar esta maravillosa promesa.
Volvamos a 1798. Después de la herida mortal que recibió el sistema papal, se cumpliría otro acontecimiento anunciado por la profecía de Daniel 8:14. Como adventistas, sabemos que me refiero al surgimiento profético del Remanente, explicado con más detalle por el apóstol Juan en Apocalipsis 10. No me detendré en los detalles fascinantes de las profecías apocalípticas. Solo comento que el Remanente Final guarda los mandamientos y tiene la fe de Jesús y que nace para una gran misión en el tiempo final de la historia. Y tendrá que hacerlo en el peor contexto, pues el dragón se llenó de ira y se fue a hacer guerra contra el resto de la descendencia de la mujer, es decir contra el Remanente Final. ¿Crees que este grupo tan especial ha de comer de las ollas de Egipto? Claro que no, su dieta ha de ser la dieta original para tener vigor físico, mental y espiritual para así enfrentar el conflicto final.
El Remanente Final, está en el mundo, pero no es del mundo. Su carácter será semejante al de Cristo. Es tiempo de humillarnos ante Dios y andar bajo un estricto “Así dice Jehová”, aunque vivamos en una sociedad antropocéntrica. Su Palabra debe guiar todos los detalles de la vida de quienes decimos ser parte del Remanente Final, incluyendo lo que colocamos en nuestra mesa.

