En el episodio de #05 de «La Mesa del Remanente», revisamos el estrecho vínculo que existe entre la salud física y la espiritualidad.

Transcripción

El Dr. Neal Barnard, fundador del Comité Medico para la Medicina Responsable en EE.UU., es reconocido como una de las voces más autorizadas en relación a alimentación y salud. De acuerdo a los resultados de las investigaciones, él ha declarado que es posible prevenir la pérdida de memoria, las demencias,  incluso la enfermedad de Alzheimer. Para tener un cerebro saludable él recomienda:

1. Dejar los productos lácteos y las carnes, pues son ricas en grasas saturadas, las que son muy dañinas para el funcionamiento cerebral.

2. Evitar productos de pastelería. Estos contienen grasa hidrogenada (la que llamamos trans) que se transforma en colesterol malo, el LDL, el cual daña funciones cerebrales como la memoria, el estado de ánimo y algunas conductas.

3. Consumir una variada dieta basada en plantas que aporta todo lo que el cuerpo necesita. Especial aporte son las semillas, los frutos secos como almendras y nueces, ricas en vitamina E, y las frutas azules o moradas (arándanos, uvas negras, berries en general), que tienen antocianinas. Tanto la vitamina E como las antocianinas son poderosos antioxidantes que protegen al cerebro de los radicales libres que dañan su estructura y funciones.

El Dr. Barnard insiste que es mejor comer esta dieta que consumir suplementos, pues los alimentos tienen las vitaminas y minerales en el estado y dosis que el cuerpo necesita. Sin duda: lo que comemos afecta nuestro cerebro.

El cerebro controla todo nuestro ser, desde funciones vitales hasta procesos complejos relacionados con la vida humana. Es en este órgano maravilloso donde están las facultades superiores del ser humano como la razón, el intelecto, la voluntad, la conciencia, el lenguaje, etc. Allí se desarrollan nuestros pensamientos y es donde tomamos decisiones. Es tremendamente sensible a estímulos, incluidos los alimentos que consumimos. A través de este órgano nos comunicamos con los demás y también con Dios. A su vez, es mediante las facultades cerebrales que Dios se comunica con nosotros. Allí ejerce su influencia el Espíritu Santo para convencernos de pecado, de justicia y de juicio. Sin duda, el cerebro es un órgano que debemos cuidar mucho más de lo que hemos estado haciendo por él, pues es clave en nuestra espiritualidad.

Ahora, entendemos que la espiritualidad es la parte del ser humano que nos permite dar un significado a la vida, un sentido, un propósito… Los estudios muestran que la espiritualidad es de gran importancia para las personas y concluyen que es uno de los factores que más influye en la percepción de tener una buena calidad de vida. Para nosotros, como adventistas, la espiritualidad es mucho más trascendente, tiene que ver con nuestra sincera y fiel vida de adoración a nuestro Creador y Redentor, y afecta todo nuestro ser, pues el evangelio implica la transformación completa del ser humano producto de una comunión real y diaria con Dios. Es claro que necesitamos cuidar el cerebro para tener una buena comunicación con Dios.

Un elemento clave para cuidar el cerebro es la alimentación. Las investigaciones en esta área concluyen que lo que nuestro cerebro necesita para funcionar en las mejores condiciones es una alimentación basada en plantas. La recomendación que dan los expertos es el consumo diario de legumbres, granos integrales, frutas y verduras, semillas y frutos secos como nueces y almendras. Estos alimentos son claves por el aporte de vitaminas, minerales, ácidos grasos esenciales como el omega 3. Además, el cerebro debe obtener energía desde los carbohidratos complejos de las frutas, legumbres, papas, etc. Amigos, seguir un estilo de vida que incluya estos alimentos permite un mejor funcionamiento cerebral, que se reflejara en un intelecto alerta, claridad para razonar y discernir, manejo de emociones, etc. Todos estos procesos permiten una mejor comunicación y relaciones humanas saludables y, lo más importante, estaremos en mejores condiciones para percibir los asuntos eternos que el Espíritu Santo quiere enseñarnos.

No hay duda que lo que comemos llega a nuestro cerebro. Mira, piensa en un niño que come un desayuno cargado de azucares refinados, al poco rato habrá un niño irritable, inquieto, malhumorado, etc, eso es lo que el azúcar provoca al llegar al cerebro y ¡así de rápido! Esto me recuerda un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Bristol. Compararon la alimentación y el coeficiente intelectual de niños en edad preescolar y encontraron que el grupo que era alimentado con comida procesada rica en azucares y grasas saturadas tenía menos puntaje en el test de inteligencia que el grupo de niños alimentado con comida preparada en casa con frutas, vegetales y pastas. Interesante, ¿no crees? Estos resultados hacen recordar la historia de Daniel. Amigos, pensemos en los maravillosos beneficios de cuidar lo que comemos y de cómo estamos alimentando a nuestros hijos, a nuestra familia. Es tiempo de tomar decisiones y cuidar el cerebro en forma consiente, como un acto de adoración a Dios.

Apreciados amigos, fuimos creados a imagen de Dios, y aunque perdimos esa imagen somos muy amados por Dios. Él siempre ha querido estar cerca y comunicarse con cada uno de nosotros. Eso ocurre en nuestro cerebro, por eso debemos tenerlo en las mejores condiciones, ¿no crees? Revisemos 3 ideas claves para ir comprendiendo la relación entre alimentación y espiritualidad:

1. La ignorancia voluntaria del mensaje de salud es un pecado

Al respecto Ellen White nos advierte “Si cerramos nuestros ojos a la luz por temor a ver nuestros errores, que no estamos dispuestos a abandonar, nuestros pecados no resultan disminuidos, sino aumentados.”

Amigos, no podemos seguir ignorando este mensaje, eso se nos imputa como un pecado. El asunto es realmente serio.

2. La intemperancia es un pecado

Así es apreciado amigo. Esto es muy solemne. Ellen White lo dice de esta manera: “Nadie que profese piedad considere con indiferencia la salud del cuerpo, y se haga la ilusión de que la intemperancia no es pecado, y que ésta no afectará su espiritualidad.”

3. La santificación es imposible si insistimos en ignorar el plan de Dios y somos intemperantes.              

Amigos no podemos amar al Señor, y continuar viviendo según nuestras pasiones y apetitos. Ellen White lo describe así la satisfacción de nuestros apetitos es el mayor obstáculo que pueda oponerse a nuestro progreso intelectual y a la santificación del alma”. Nuestros malos hábitos quitan diariamente nuestra fuerza para glorificar a Dios. El pecado nos aleja de la santidad, sin la cual nadie vera al Señor. Obedecer las leyes de alimentación conduce a un funcionamiento armónico de todas nuestras facultades, y como consecuencia hay un deseo ardiente de obedecer a Dios en todos sus preceptos y andar en santidad. Todo esto ocurre en el cerebro.

Amigos, el enemigo de Dios, también conoce muy bien la importancia del cerebro para nuestra relación con Dios. Su plan es embotar la mente con toda clase de vicios, incluidos la glotonería y la intemperancia. Dios sabía que la humanidad estaría en esta triste situación y que nuestro cerebro no estaría en condiciones de comprender las maravillosas verdades del evangelio en toda su magnitud, por eso dio el MpS a su pueblo. Todo es causa y efecto, amigos: Mientras sigamos practicando malos hábitos alimentarios no podemos progresar en la vida espiritual y ese es el plan de Satanás. Pero, Dios espera que progresemos constantemente y ha dado toda la luz necesaria para morir al yo y andar en nueva vida, incluido nuevos hábitos alimentarios que abran las facultades superiores del cerebro y apreciemos la verdad en toda su plenitud.

Ellen White es muy clara cuando habla de la relación entre alimentación y espiritualidad, ella dice “El corazón no puede de ninguna manera mantener su consagración a Dios mientras se complace el apetito carnal. Un cuerpo enfermo y un intelecto desordenado, debido a la continua complacencia de la lujuria perniciosa, hace que la santificación del cuerpo y del espíritu sean imposibles. ¿Ves lo que dice?: nuestra santificación es imposible si seguimos nuestros malos hábitos, pues esto enferma nuestro cuerpo y  debilita nuestra mente. Amigos, el apóstol Pablo también tenía clara la importancia de tener el cuerpo en una condición saludable para lograr el progreso en la perfección del carácter del hijo de Dios. Mira lo que dijo en 1 Cor 9:27: “Golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre…” Ellen White dice que aquí el está haciendo referencia a la temperancia, al dominio propio. Y en Gálatas 5:24 el apóstol Pablo dice “Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos”.  Así es apreciados amigos, amar a Cristo implica morir al yo, dejar nuestros viejos gustos y andar en nueva vida. Pablo lo tenía muy claro.

Ellen White enfatiza que los hábitos alimentarios afectan nuestra apreciación de la verdad.  Veamos  3 ideas al respecto:

1. El uso de estimulantes artificiales y alimentos con grasas saturadas embota el cerebro.

Estimulantes como cafeína, alcohol, bebidas energizantes, etc. son dañinos para este órgano. Generan una falsa y momentánea energía. Ellen White declara que estas sustancias embotan el cerebro y que impiden apreciar las cosas eternas Explica  que el uso de la mantequilla y la carne  han entorpecido los nervios sensitivos del cerebro y deteriora las facultades morales e intelectuales, lo que dificulta el discernimiento de las cosas eternas.

2. Los malos hábitos alimentarios debilitan las facultades intelectuales e impiden apreciar el evangelio en su plenitud.

Ellen White explica que malos hábitos alimentarios y comer en exceso incapacita para discernir y aprovechar los recursos de edificación espiritual, la mente no puede apreciar las cosas eternas, y el Espíritu Santo no puede obrar en ellos.

3. Comer alimentos sencillos y con dominio propio favorece la apreciación de la verdad del evangelio.

En este aspecto, la mensajera del Señor afirma que comer alimentos sencillos con moderación … permite una mente despejada y vigorosa para entender las verdades espirituales, para apreciar las palabras de vida y ser más susceptible a la influencia del Espíritu Santo. Ella dice Necesitáis mentes claras y enérgicas para apreciar el carácter excelso de la verdad, para valorar la expiación y estimar debidamente las cosas eternas.”

Apreciados amigos, Satanás ha logrado demasiadas victorias con nuestros apetitos, pues sabe que así entorpece nuestro progreso espiritual, nuestra santificación. Es tiempo de hacer esfuerzos fervorosos y abnegados para luchar contra los apetitos carnales. Es tiempo de cuidar lo que comemos, pues afecta nuestro cerebro, clave para nuestra espiritualidad. Es tiempo de hacer la voluntad de Dios, lo que dará “la  idoneidad moral que merecerá el toque final de la inmortalidad”. Recuerda: “La templanza en todo tiene que ver con nuestra reintegración en el Edén más de lo que los hombres se imaginan” (MC 91).